Trabajadora Social Col. Nº 20/239 · Primera Matchmaker Certificada de Huelva
Detrás de este proyecto no hay un algoritmo frío, un test automatizado ni una base de datos impersonal. Hay una mujer de 45 años, madre, profesional de la intervención social y alguien que, por encima de todo, mantiene intacta su fe en el ser humano y en la magia del amor verdadero.
Durante más de 22 años he acompañado profesionalmente a personas en diferentes etapas de sus vidas, escuchando cientos de historias, ilusiones, miedos, pérdidas, comienzos y proyectos de futuro. Toda esa experiencia me permitió comprender algo fundamental: gran parte de nuestro bienestar emocional depende de la calidad de los vínculos que construimos, y entre todos ellos, la pareja ocupa un lugar especialmente importante.
Sin embargo, ha sido mi propia trayectoria vital —con sus luces y sus sombras— la que me ha otorgado la verdadera sensibilidad para dedicarme al Matchmaking. Sé perfectamente lo que es sentir que el mundo se te derrumba bajo los pies tras un divorcio. Conozco de primera mano el dolor sordo de la desilusión y el desgaste emocional crónico: esa montaña rusa de las relaciones inestables e intermitentes donde das todo hasta quedarte vacía, esperando un compromiso que nunca llega. Sé cuánto pesan los miedos después: a volver a confiar, a equivocarte o a que te vuelvan a romper.
Durante mucho tiempo, refugié todo ese oleaje en la poesía, escribiendo versos para sanar. Quizá por eso me gusta pensar que existen dos formas de amor: el amor de bengala, ese que deslumbra, emociona y brilla con intensidad durante unos instantes, pero desaparece tan rápido como llegó; y el amor de vela, un amor sereno, constante y auténtico. Una luz tranquila que permanece cuando se apaga la emoción inicial y que sigue iluminando el camino con el paso del tiempo.
Un día comprendí que mis poemas no debían quedarse encerrados en un cajón. Una amiga me habló de la historia mitológica de Quirón, el "sanador herido": aquel que, precisamente por conocer en su propia piel el dolor y la vulnerabilidad, se convierte en el guía más compasivo y sabio para curar a los demás. Sentí entonces la necesidad profunda de pasar de los versos a la acción. Comprendí, como dicen los poetas, que es a través de la herida por donde entra la luz, y decidí transformar mis propias cicatrices en esa luz para los demás. Por eso me especialicé en Matchmaking profesional y me convertí en la primera Matchmaker certificada de Huelva.
Desde hace muchos años, mi símbolo personal es un faro. Para mí representa la guía, la calma y el horizonte. Por eso mi logotipo es un faro cuyos haces de luz se cruzan. No te hablo desde una torre de marfil inalcanzable de quien lo sabe todo; te hablo desde la arena, como un faro que está ahí para los que quieran llegar a un puerto seguro.
He aprendido que la vida en pareja exige una valentía inmensa. Hay que ser valiente para saber cuándo cortar, para mirar de frente a una relación que ya no suma, que ha perdido el norte y que empieza a reptar, teniendo la fuerza de decir "hasta aquí". Pero también hay que ser increíblemente valiente para volver a abrir el corazón. Porque cuando el amor es sano, limpio y saludable, una pareja de verdad no te resta, te multiplica: es un refugio donde descansar, un espejo que te devuelve tu mejor versión y un motor que te hace crecer.
Hoy elijo cuidar mi propia soltería desde el autorespeto y la selectividad, porque sé lo que valgo y lo que merezco. Y con esa misma rigurosidad, honestidad y empatía quiero ayudarte a ti. En esta sociedad que a veces camina tan deprisa y de puntillas por los sentimientos, sé que existís personas valiosas con ganas de amar de verdad, de forma estable y consciente.
Mi objetivo no es presentarte a muchas personas, sino ayudarte a conocer a las adecuadas mediante un proceso humano, ético y personalizado. No busco para ti un amor de bengala. Busco ese amor de vela que ilumina y da paz.
Mi propósito es encender la luz de mi faro para que vuestros caminos se crucen.
No busco para ti un amor de bengala.
Busco un amor de vela. Una luz constante. Ese puerto seguro donde poder quedarse.